Por Alberto
Figueras Vidal
alberto.figueras@nauta.cu
Hace
un tiempo, en la parada del ómnibus cuando esperaba para ir al trabajo y entre conversaciones
triviales de muchos de los presentes, llegó un señor de rostro vetusto y algo
patético, vestido con un raido pantalón y camisa militar verde olivo, un
machete en la cintura y un par de botas de agua, viva estampa de la más
absoluta inopia y penurias que viven hoy muchos coterráneos, quien mascullaba
insultos sobre su vida y la realidad actual que vivimos los cubanos, envuelto
en su cascara de guajiro, que en su tiempo de esplendor sostuvo con sus
arrugadas manos el color rojo del espejismo utópico de sus sueños “lleno de
justicia e igualdad para todos”´; maldecía a los que condenaron al fracaso sus
esperanzas con aquellos discursos, desfiles y marchas, a quienes hoy, lo habían
llevado a pastorear vacas en un apartado reparto de la mentira llamada, “Capital
de todos los cubanos”, para poder subsistir con unos míseros pesos que apenas
le alcanzan para comprar alimentos.
Como
el locuaz locutor del programa radial “Haciendo Radio”, no paraba en su
monólogo a vox populli, mientras subía el volumen de su voz: “…Quien carajo se va a creer el cuento ese de
que ahora si vamos a construir el Socialismo”, si hoy estamos como el borrachín de Pánfilo, que sólo quería Jama y lo pasaron
a la tierra del olvido , siguió en su propio parlamento, mientras abordaba
un P11, soltando frases procaces y soeces, compulsando a todos los presentes a
buscar en el diccionario el significado de las palabras Tiranía y Revolución.
Me
quedé conectado con aquel episodio y vi retrospectivamente en la luz de mi
tiempo pasado a muchos cubanos, como yo, banderitas en manos, que creíamos que
todos los futuros eran habitables y que existían las promesas del Hombre, estábamos
vacunados por la ideología comunista desde nuestros primeros años de vida para
poder procesar la más pura lógica y sin razonamiento, al asentir positivamente como
epígonos a todo lo que se nos dijera y a vivir y estar en la creencia que
dábamos a aquello que las autoridades decían y quien lo decía, el máximo líder,
aceptando enunciados que dimanaban de sus verbos, pensando que no necesitábamos
pruebas, porque en sus discursos se afirmaba el razonamiento y que era
prescindible su búsqueda, ya que los argumentos habían sido procesados por el
Jefe, el máximo líder histórico. Realmente no hay que buscar en el diccionario
para contactar nuestra realidad.
Durante
más de medio siglo, sesenta años para ser exacto, hemos sido sometido a los
designios de una dictadura con ropaje de proletario, con piel de déspota de
Epiro, que ha tratado de hacernos creer que las decisiones absurdas que salían
del Estado, estaban inmersas en una alta dosis de sabiduría reflexiva, sin
errores y a las que nosotros los plebeyos no debíamos objetar y si aprobar, con
unánimes aplausos y alzar las manos en aprobación por la fuerza que hacia el
hilo invisible que amarraba nuestros dedos índices, desde una argolla en lo
alto de su cielo, de manera que nuestra función era plegarnos con obediencia
indebida a los designios de los trucos llenos de desigualdad y corrupción, a
aquellos que una vez viéramos como ángeles redentores verde olivo, soñando con
una realidad, virtual por demás, que podría convertir lo deseado, depositando
nuestra fe en esos que nunca llegaron a completar su proyecto republicano y
cambiaron de color, borrando de la escala del tiempo hasta hoy casi las tres
cuartas partes de nuestras vidas, los que nacimos con sus cantos y crecimos
bajo su manto y la de otros muchos cubanos más viejos y otros que nacieron después,
juntos con los sueños triturados y los futuros ya pasados o el propio presente
en que hoy vivimos.
El
25 de diciembre del 2011, el General Presidente reconoció que la corrupción en
Cuba era más dañina que la subversión interna, de hecho, reconoció la
existencia de ambas cosas, al tiempo que lanzaba la amenaza de ser implacable y
reconocía también la existencia de una arcaica mentalidad dogmatica y de muchos
errores, sin formular como erradicaría las causas reales de esos males, males
que son responsabilidad del propio Estado, porque sería como reconocer el
fracaso de su propio proyecto. Tampoco se refirió a otros asuntos con detalles
y se dedicó a divagar con la retorica laudatoria que los caracteriza siempre
con frases de asuntos gastados que no dan respuestas a sus propias afirmaciones
para finalmente abordar el tema de la amnistía a unos pocos presos con el
objetivo emoliente de congraciarse con el Vaticano por la visita del Papa en
aquel entonces y también para hacer un pequeñito hueco en sus abarrotadas
prisiones, para sus planes represivos futuros.
Se
olvida el General Presidente, de hablarle a los Cubanos, nada dice, se olvida
el de las cuatro estrellas, de abordar la débil situación social, que aún
persiste hasta hoy 2017, solo faltan 6 meses para que el actual sistema cumpla
60 años, las fuertes carencias económicas de la mayoría de los cubanos, las
violaciones de derechos constitucionales, civiles, políticos y humanos y se
jacta en la generosidad y fortaleza de la llamada revolución y en los
increíbles discursos sin timbres y sin espíritu de sus Ministros y
Vicepresidentes del CECM o de los subalternos del Partido, quienes tratan de
justificar con parches, las deficiencias e insuficiencias del sistema político,
económico, social y judicial y las violaciones de las propia legislación
existente por aquellos que tienen el elemental deber de hacer cumplir sus
propias leyes o tratan de virar la tortilla hacia el norte revuelto y brutal, desbarrando
por la política del bloqueo asesino o de disfrazar las apariencias, en un desde
ya fracasado y cacareado nuevo modelo de gestión económico y social cubano, con
lineamientos llenos de inflexibilidad.
-GENERAL, estamos en Julio del 2017 y el cuartico no está
igualito, está PEOR. -
Muchos
cubanos, sufren el descuartizamiento del cuerpo social por la ampliación de la
diáspora cubana y existe malestar porque no se hurga en las raíces de las
causas que lo produce, solo se hace un leve intento de colocar una simple
curita a los problemas cotidianos económicos y no existe una real respuesta a
los reclamos de una sociedad totalmente cambiada y cambiante, que solo divisa
un futuro incierto y sin asideros para enrumbar sus sueños.
No
se observa el camino claro con que la autoridad política del gobierno cubano
deba garantizar los intereses individuales y colectivos, orientados hacia un
bien común con respeto dirigido al avance económico, al avance social e
individual, al crecimiento espiritual y al pleno respeto de todos los derechos
inherentes al hombre, que incluyen los derechos individuales, políticos,
humanos civiles y constitucionales.
No
se observa el camino claro, porque no se habla claro y muchos, la mayoría, no
creen en sus promesas de cambio, porque no se ve la forma novedosa de
implementar cambio en la acción política que actué de forma directa sobre la
realidad cubana ni en las personas, en cualquiera de su variedad de
motivaciones políticas, sociales y económicas, cuestión reconocida es la aplicación
a una sola parte de los cubanos, cuestión que enturbia la realidad y la
creencia en que se actúa a favor de los intereses individuales y sociales,
culturales, económicos y políticos de la familia cubana
Hoy todo se decide por un unipartido político
que en la práctica no aplica el famoso “centralismo democrático” de la
filosofía marxista, ya que deja en manos de una elite dirigente y minoritaria,
todas las decisiones públicas aplicando métodos ineficaces en la gestión sin
participación popular, que dan lugar a errores y respuestas no acordes a los
problemas actuales, sin consultar al pueblo cubano por la propia ineficacia del
sistema estructural de gobierno implementado y diseñado a sus intereses. El
gobierno dice aplicar preceptos martianos, mientras hace mutis de los
pensamientos en los que Martí decía que lo esencial era la libertad humana, lo
esencial no es la revolución, la revolución fue para él la vía, la forma, el
medio de alcanzar el bien supremo, el fin deseado. En una carta que dirigió a
su amigo Manuel Mercado, fechada el 11 de febrero de 1877 en la Habana, Martí
decía: Siempre es desgracia para la
Libertad que la libertad sea un Partido. Hoy no hay revolución, sino
involución y retracción.
Creo
por mi parte que estamos en un momento de inflexión sin retorno, el gobierno
del actual Presidente está obligado, en el corto tiempo que le queda en el
cargo, pues aseguró ante toda Cuba que su mandato expiraría en el 2018, no solo
a realizar cambios económicos, sino también sociales y políticos que den
solución y garanticen las exigencias de los cubanos que existen dentro y fuera
del país y de solución a las inconformidades ciudadanas que existen
actualmente, brinde unidad entre todos los cubanos, sino será como una
enfermedad terminal, un cáncer inoperable que no se cura con una formula banal
ni con remiendos de esquinas.
Alguien,
más temprano que tarde, tendrá que responder al vetusto guajiro, aquel señor
del pantalón raido y camisa verde olivo, cuando preguntó: “Si el gobierno del Presidente Raúl Castro es tan generoso ¿Por qué
no se adecua al progreso de estos tiempos mediante la realización cuanto antes
de cambios radicales e imprescindibles para el bien de todos los cubanos y deja
a un lado la política que nos hace caminar por una cuerda fina entre lo que se
puede y no se puede? ¿Quién pierde (la mayoría) y quién gana (puntos
suspensivos…)? ¿Quién decide cambiar lo que tiene que ser cambiado, para no
tirarle una trompetilla maloliente al concepto de Revolución?
También
creo que no se aplican realmente algunos preceptos martianos, él expresó, que
el fin de los cambios era la libertad de todos los cubanos y la instauración de
una república que diera cabida a todos los intereses nobles y universales de
los ciudadanos. La Patria, CUBA, está por encima de todo lo político y es de
todos, no de unos pocos ni de aquellos que se solazan en sus penas.
Los
cubanos necesitamos fortalecer los valores que nos permitan trabajar juntos por
el bien común y no por el bien de unos pocos y mientras, espero que pase este
año y vengan esperanzas nuevas, para bien de todos los cubanos, porque sé, que
no estriba el amor patrio en afianzar la libertad, sino que estriba en labrar
un pueblo en que la libertad se afiance