martes, 5 de agosto de 2014

“De fuego y de semilla”

Rivales, poéticos o históricos,
prisioneros o exiliados de cruciales batallas,
de aristas de genio caladas en letras,
vitrales, turgencias de pasiones aladas,
con fuegos en las memorias
cosechan testigos de cualquier color,
espíritus inquietos, escrituras asépticas, evadidas, desarraigadas
válidas, de ayer, hoy, ahora y siempre
cuerpo de ideas ágiles
atacan la raíz, la injusta, la opresora mísera de tinieblas
que perdura como espuma virtuosa
La luz llama sus letras como tropas de fulgente prosa
de fuego y de semilla
que trazan el destino en la poesía
y con su combate real, rescatan mi verdad.

Descontaminado por la sombra del maestro

La luz, se detiene dentro del silencio
cansada y en ruinas
envuelve a la tanta carroña mal contada,
con el parlamento del súbdito.
Dueña de la vetusta ciudad que se desploma
quiere despertar de un mal sueño,
tiene el alma como naturaleza muerta.

La luz,
otra vez la luz, se detiene,
para gritar las roturas del tiempo,
remendar el pasado del muerto y sus palabras,
de un Abel que habla con Caín en zona prohibida,
El súbdito glosa a Quevedo,
enarbola las pancartas en una noche interminable,
y termina en basura de la basura,
como paisaje habitual

La luz, quiere poner freno a lo que piensa el Sol,
y saciar su sed
en el cuerpo de la noche.