viernes, 14 de noviembre de 2014

HABANA 495

No necesito catedrales de encajes
ni nubes que coronen las montañas,
ni mar de paraísos inabarcables
para pintar con amor a mi ciudad;

Tomo el fresco de la noche
al fondo de sus calles de adoquines,
calles mal vestida de luces,
edificios heridos por el tiempo,
con huellas de hechizos vividos
como una revista en blanco y negro
con gazapos,
para que eruditos y sabios la defiendan;

Duerme profundo mi Habana,
su mágico faro destella,
un sol que despereza tibio
ante la catedral y su cruz,
ante el sabio, ante el Cristo de la Habana.

¡Despierte ya mi San Cristóbal!
Despierten los juglares y arlequines
las gaviotas caprichosas

Sobre tu rostro hermético de Giraldilla
Se autoriza un cañonazo,
para tus barrios marginales
Mi Habana enseñoreada
en sabiduría centenaria,
con su Prado Leonado,
quiere que su gente de savia misteriosa,
dé comienzo a un carnaval,
para que camine un caballero,
que piense en la Habana
y no en París

Mi Habana,
mi libro mágico,
en mi tienes a un hijo
que dormido está despierto,
con un corazón de mármol
una sonrisa franca y un eterno pedestal.

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