UN ARCOIRIS PARA CUBA
Por Alberto Figueras Vidal
PRIMERA PARTE
El Generalísimo
Máximo Gómez Báez, en la Proclama de Yaguajay escribió:
“Yo aconsejo para
Cuba, un abrazo fraternal que apriete y una para siempre, el augusto principio
de la nacionalidad cubana”.
Desarrollar un proyecto de cambios,
que una los colores de ideas políticas en nuestro país, necesita ante todo el
análisis de premisas teóricas, así como la comprensión detallada de los
conceptos de democracia o acuerdo pluralista y de libertad política, con una apertura
gradual y controlada en sus límites y alcances, elementos que permitirían
entender un proceso de cambio y la continuidad a una transición política que
enmarca el mismo, toda vez que el conocimiento de estos conceptos es de vital
importancia para la aplicación de buenas prácticas políticas y a su vez
conlleva a un profundo análisis de conductas y valores imperantes en el propio
proceso de transición, la corrección o mejoras de los asuntos y temas
institucionales que permitan un desarrollo armónico y estable, que consolide
una forma superior de convivencia democrática en todos los autores de la
sociedad cubana, unidos, como los colores de un arcoíris, sin excepciones de
ninguna índole, además y sobre todas las cosas ver las diferentes caras que se
presentan al realizar el análisis politológico que envuelve a una transición
política. Caras con un desarrollo consensual y otras con un complejo y no
deseado desarrollo conflictivo.
Ambas situaciones se pueden
analizar con una mirada previa a nuestra historia más cercana, que permita con
una sincera e imparcial visión, contribuir a su entendimiento y fijar o
delimitar sin tapujos la naturaleza y la dinámica de los hechos que influyen en
lo político, lo económico y lo social, fijando oportunamente los límites de un
movimiento, con un orden democrático de amplia plataforma y plural
participación. Aunque como dijo el Dr. Eusebio Leal, en la apertura del
encuentro "Un dialogo entre cubanos" (19.04.2012): "hay ciertos atributos que son indispensables
para poder batallar. El primero es tener el valor para poder decir, en el
momento oportuno y en el lugar adecuado, corriendo a veces el riesgo, lo que
uno quiere y debe hacer, …digamos con toda franqueza, si es el cambio, la
transformación del país, digámoslo también. Hay mucha ignorancia sobre ese
particular, fuera y dentro de Cuba. Una gran ignorancia".
Lo
único que mantiene a Cuba en las tinieblas en plena era digital es la falta de
voluntad política, todavía hoy, las autoridades no aceptan que ningún
cubano, a pesar del alto nivel de instrucción adquirido, pueda tener una idea
diferente a la oficial en materia política, económica o cultural. Consideró que “aún los desaciertos más grandes de la
gente o de un país, hay que encararlos para no dejar cuentas pendientes”. “evitar
las verdades prolonga los malestares”, todo es política, aun así, la política es un campo
minado en condiciones de totalitarismo, nunca se sabe cuál podría ser el paso
que le cause a una persona una ‘explosión’, así que la mayoría de la gente
elige el silencio y la parálisis y esa enajenación de los cubanos, ese miedo
cerval a la castrocracia, es lo que los lleva a apuntar una y otra vez al
adversario equivocado. Nadie parece comprender que, si todos los inconformes
con la realidad que nos impone el poder de los octogenarios, se enfocaran
dentro nuestras voluntades y energías en accionar y dejasen de pensar solo en sí
mismo para defender la sociedad plena, descubriríamos que juntos, podríamos ser
esa persona que intenta cambiar las cosas.
Ya conocemos la parodia,
de que Cuba se sigue desmoronando, de prisa y sin pausa. Hace poco leí en un
artículo que los cubanos, no emigran, sino que los cubanos huyen, que se van de
Cuba hasta para el mismísimo infierno, como quien escapa de un callejón sin
salida, a lugares con y sin nombre y se van para donde puedan. La razón
principal del éxodo cubano ha sido, y es, el desastre que ha creado el
desgobierno en la isla de Cuba, como la prueba irrebatible de que con
independencia de cualquier factor externo, la causa fundamental radica en la
inviabilidad del modelo económico y la falta de libertades ciudadanas, por lo
cual, ninguna de las medidas dictadas desde 1959 hasta hoy ha podido detener el
flujo permanente de cubanos hacia otras partes del mundo, esta situación ha
hecho de la diáspora un proceso sostenido en el tiempo. Cambiar estos hechos sería el principio del fin del éxodo, que es decir
también el principio del fin del castrismo y esto se logra con una transición
política.
No se podrá ver el concepto de transición, solo en el
marco de la teoría del cambio político como el intervalo de tiempo de cambio de
un régimen político a otro, donde el régimen en el poder defiende los intereses
de la clase dominante que ostenta el poder del Estado con arreglo a sus
prácticas institucionales, políticas y normas jurídicas, sino también en el
otro, que por consenso pleno, trata de definir y establecer sus nuevos
conceptos, de hecho la propia historia da como premisa que todas las sociedades
por causal dialectico cambian de forma de gobierno periódicamente debido a que
la vida y desarrollo de la propia sociedad y sus nuevas generaciones de
humanos, evolucionan, adquieren y sostienen perspectivas y análisis novedosos,
revolucionando los patrones anteriores.
Dentro de la sociedad civil de nuestro país, existen
distintas visiones con sus objetivos declarados para el tránsito hacia un
estado de derecho, están los que sostienen a capa y espada los fundamentos del
actual régimen, están los que pretenden alcanzar el poder desde las urnas con
simples e utópicas exigencias al gobierno actual, los que tienden a la acción y
confrontación directa para desbancar del poder a los actuales gobernantes
unipartidista y los que divisan el camino mediante un protagonismo ciudadano
que impulse a la desobediencia ciudadana civil pacífica y generalizada, como
forma de protestar de todos los ciudadanos y la manifestación protagónica de
todo el pueblo.
El Statu quo del actual gobierno cubano, sostenido por
el discurso de hace pocos días del propio General Presidente, cual disco rayado,
niega con sus hechos y palabras que la historia es mutable y presenta estancamiento
en las propias categorías filosóficas del marxismo-leninismo, negando la
dialéctica materialista, la ley de la negación de la negación y otras más de su
propia base ideológica comunista, sin querer entender que las nuevas
generaciones y las no tan nuevas, evolucionan y tiene derecho a cambiar para
bien de todos.
En nuestra visión, al
realizarse el cambio o transición del autoritario régimen castrista a uno
democrático, se deberá pasar por un intervalo en el que las practicas estatales
y políticas de la elite castrense en el poder se vayan desmontando y cambiando
al otro, en el que la definición y funcionamiento de las estructuras de gobierno
y del estado y sus prácticas políticas se sometan al escrutinio, análisis y
discusión de todos los cubanos sin excepciones, garantizados por los derechos
establecidos en la Constitución de la República, que también de hecho, deberá
revisarse, así como por el respaldo de los ciudadanos en general.
La base de la democracia
está en los propios ciudadanos cubanos, no tenemos la ciudadanía por merced,
sino por derecho, pero no debemos solazarnos en esta afirmación, porque la
aplicación de la propia política como fundamento filosófico nunca ha sido un
campo donde sobresalga la realización humana de los cubanos, en la cual tiene
un bajo puntaje en la esfera ética en el propio sentido político, en la
aplicación y manejo institucional e incluso por el propio déficit psicológico
de los que mal dirigen y de los que se dejan mal dirigir incluyendo una
constante inmadurez psíquica política bastante generalizada. Nosotros somos cubanos
y reconocemos en todos los compatriotas la cubanía, por que nos une la
identidad cultural, nos unen aún las diferencias y nos une haber nacido en esta
tierra
Para poder considerar la
naturaleza del proceso transicional, habrá que entender que existen dentro de
nuestra realidad y nuestra dimensión histórica, perdidas de valores reales, de las
características de por si ficticias, de los temas que fueron impuestos por el
régimen actual desde hace 57 años, bajo una sombrilla cargadas de estrellas de utopía
y globos desinflados de insondables descalabros socio económicos y políticos.
El tiempo pasa y la historia
ha cambiado y con ella la realidad cubana de hoy que exige un cambio de
pensamientos, existe una ley importante, señalada por Carlos Marx: Cuando cambia la infraestructura,
necesariamente cambia la superestructura, Cuba debe renovarse y debe
cambiar, para que se cumplan las palabras del Padre Félix Varela, Tiene que ser
Cuba, una Cuba sana y salva, una Cuba renovada y diferente, una Cuba con
esperanza y concordia, una Cuba de reencuentros, eso si, sobre una base, porque
somos un pueblo con una historia gloriosa.
El juicio del valor surge
entonces cuando se verifican condiciones que hacen nacer la duda de lo
prometido y acerca del valor deseado y nuestro conocimiento no solo es una
comprensión adquirida, es dominio de nuestras propias vidas, es dominio de lo
real que se vive o se mal vive, no solo de la verdad abstracta, sino de la
razón, de la practica humana diaria y la dialéctica demostrada hasta hoy en
nuestro país y de lo que se necesita para salir adelante con un cambio y no es
por el mero saber o querer, como algo que se contempla desinteresadamente en Cuba,
sino que pretende exponer ideas que nos saquen de esta incertidumbre y mejore
la calidad de vida. No se pueden ocultar nuestras precariedades económicas y políticas,
habrá que develarlas y asumir con valentía los defectos, no debe primar el
miedo a las espinas del camino, sino señalar con noble intento las faltas, la
ausencia del examen oportuno y la revisión real de las faltas en las
actuaciones de los propios conceptos políticos errados de los que hoy sostienen
el poder a ultranza, de las mentiras y de aquellos argumentos adornados con
falsos ornamentos, con pérdida de las perspectivas del momento histórico, que
representa una transición e incluso algo que se ve mucho en la realidad del
actual régimen en la penalización severa de lo trivial, de los conflictos de
todo tipo y en la pérdida de perspectivas de los momentos históricos de la Cuba
del Siglo XXI y de la propia evolución global en la esfera económica política y
social.
En la transición se busca la democracia, que es pura
pedagogía y a la vez la educación es pura democracia, es decir, la democracia
educa y la educación democratiza, por ello la democracia más que una forma de
organización política es una forma de vida, un ideal ético que establece como
valoración, primero, que es democrática una sociedad que coloca absolutamente
todos sus miembros en situación de participar en iguales condiciones, en lo que
la sociedad tiene de bueno y por otra parte con igual valor, es democrática una
sociedad en la que la flexibilidad de su estructura, asegura una continua
readaptación de sus instituciones, mediante la acción y reacción como otras
formas distintas de asociación, o sea, que la gente se va asociando y se va
relacionando y esto va generando nuevas formas institucionales acorde a las
nuevas situaciones.
Se necesitan construir espacios de sentido común
para forjar una real democracia, eso aún es una asignatura pendiente por mucho
dentro de una sociedad instruida como la nuestra, con miles de profesionales y
técnicos graduados, aunque para
la instauración del cambio propuesto y una real democracia, no se necesita del
culto exquisito del saber leer y entender, si bien esto es necesario para el
impulso económico y el desarrollo técnico y científico de cualquier nación o
sociedad, no lo es para la democracia, la cual se marchita con la intolerancia
existente hasta hoy en nuestro país, enredadas en las madejas de telarañas de
historias mal contadas y otras escondidas o no contadas con puro secretismo,
que esperan una luz para salir a la palestra pública.
Con la transición se busca y se añora el orden
político de una democracia, este orden es un medio, no es la democracia misma,
sino que es una herramienta, la mejor que se ha encontrado hasta ahora para
realizar los fines que le corresponden y pertenecen al vasto campo de las relaciones
humanas y del desarrollo de la propia personalidad del hombre. Se busca el
sufragio universal directo, la responsabilidad de los elegidos ante los
electores, aquellos valores que satisfagan las siempre crecientes necesidades
materiales, espirituales, culturales, deportivas, recreativas, sociales,
económicas y políticas del hombre individualmente y de la propia sociedad en su
conjunto, en fin, todos los factores en lo que se llama habitualmente ¨gobierno democrático¨, no solo como el
objetivo final, porque no tienen un valor absoluto, sino que tan solo y nada
más incluya, los mejores medios ideados en una época histórica particular, para poder realizar ese ideal democrático que
se persigue y donde el fundamento de esta democracia radique en la fe de la
capacidad de la naturaleza humana, la fe en la inteligencia humana, la fe
asociada en las diferentes formas de tolerancia, colaboración y solidaridad
real y plena, la fe democrática en la igualdad de todos los hombres, la fe en
que cada individuo debe tener la posibilidad de ofrecer la contribución de que
es capaz y de que el valor de su contribución tiene que ser determinado por su
puesto y sus funciones en el todo orgánico de sus similares contribuciones.
Para adaptarse a comenzar un proceso de cambios e
iniciar la transición, se necesitará la inclusión de diferentes actores
políticos y sociales, donde la pluralidad sea congruente con sus
características y las propias situaciones que imponen la transición a la democracia,
este periodo traerá una lógica deslegitimación de la institucionalidad durante
el trance, la cual deberá tener celeridad en el propio proceso de cambio
político, se debe tener en cuenta la individualización de los diferentes
Partidos Políticos, Movimientos Sociales, grupos y otros similares que
presenten sus diversas alternativas con sus plataformas o programas y con
estrategias propias. La
identificación de estos agentes de cambio en la mayor cantidad de localidades
del país, permitiría dar el apoyo a una propuesta diferente en el escenario
cubano. Capacitar, entrenar y asesorar sobre ley electoral, política y economía
global y comunitaria a los líderes locales evitará en gran porciento el
nacimiento de nuevos y viejos caudillos, con actitudes mesiánicas, egoístas y
corruptas que para nada constituyen una representación de los intereses
ciudadanos.
El reconocimiento de todos,
al cambio, como premisa ética y fundamental de la transición en los momentos en
que vivimos, no admite un examen exhaustivo ni largo. La unidad y pluralidad de
matices que una los diversos pensamientos políticos o afines, exaltará el
respeto imprescindible que motive la claridad y decencia pública, que exija y
lleve a la sociedad que se construye a crear las bases de reconocimiento y la
legitimación de las diferencias, en ella radica el desarrollo en unión con la
sociedad, donde se puedan expresar las nuevas ideas, los nuevos intereses con
base común en el respeto a la pluralidad de opciones, sin ello no existiría la
democracia.
Debemos y podemos
implementar un procedimiento de cambio que permita de forma pacífica y con
métodos electorales y democráticos ir de la Ley existente a una nueva Ley, de
la vieja forma de sociedad a la nueva forma de sociedad, transitando de forma
dialéctica, tomando los mejores ejemplos del país y del mundo, no como una
simple copia de los modelos post soviético y de Europa del este o de los ya
existentes o recientes, sino por la senda que dicte y elija nuestra propia nueva
sociedad pluralista, que implemente una real justicia, que se abran los
espacios cerrados y controlados por el actual poder omnímodo.
Bajo este lenguaje científico se arropa la
herramienta, que guie a buen puerto y fundamente la necesaria reflexión social,
con las explicaciones de la estrategia política a seguir, antes, durante y
después del proceso de transición. Lograr la unión de estas visiones incluyendo
la oficialista, en un ambiente pacifico traerá por su propio peso el avance de
una agenda de cambio que tienda a la eficacia de sus acciones, supliendo las
carencias y desunión y sin partir de la premisa de dar legitimidad al actual
gobierno para llegar al camino final e ir por donde nos exige y manda la Patria
con una ley digna, como aspiración justa que apresure el propósito y la unidad
de criterios, que gane la gratitud de los que aun reservan odio, que apresuren
a los timoratos y que se esfume el mal llamado rebaño o piara de obediencia
indebida de la mano que obliga del poder actual.
Crezcamos lo necesario con el aliento de Martí, sin
olvidar que existen sueños lacerados por el rencor y la amargura, busquemos
nuestra redención con el honor y la razón de unir para hallar un resultado
concordante con la aspiración y utilidad de todos los cubanos. Empujemos fuera
la desesperanza y lo inútil y agrupemos a los que cedieron por cansancio o
desasosiego, a los indignados que quieren levantar la justicia vidente para que
pueda ver la verdad, la maldad y la libertad plena y se han echado el honor y
el decoro en sus hombros con protestas útiles, de aquellos que cargan ideas
luminosas y fraternales en sus honrados corazones, exentos de ruines y bajas
pasiones, que se ponen de pie a la hora de tributar la estrella con el empeño
de hacer prospera y libre a la Patria.
Busquemos con justicia la reconciliación, sin decir no
a la impunidad. Se necesita buscar, desear y solventar los desacuerdos como
elemento esencial de un proceso de reconciliación y unidad nacional que incluya
a la diáspora cubana. Necesitamos de esa democracia, que nazca de una nueva Luz
de ideas, que suplante el vetusto régimen, garantizando el esclarecimiento de
la verdad histórica, la lógica rendición de cuentas, las reparaciones y el
establecimiento de mecanismos para evitar la repetición de errores y abusos
políticos de otros tiempos, para caminar sobre un proceso abierto y
transparente, con legitimidad que inspire y conduzca a la paz social y
consolide la democracia esperada en un arcoíris de colores para Cuba.
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