jueves, 28 de enero de 2016

¡AQUÍ ESTAMOS CUBA¡

¡AQUÍ ESTAMOS CUBA¡
Por su vigencia, considero necesario volver a publicar este articulo.
Por Alberto Figueras Vidal

Cada vez que he tenido oportunidad de acceder y leer informaciones que considero reales y serias, coincidentes con mi forma de pensar, que exigen cambios con atrevimientos y justeza y sin miedo a las espinas del camino, me siento vivo, mi alma flota libre en un océano interior de añoranzas, hoy pérdidas.
Tengo la convicción de que es necesario escuchar a todos quienes en Cuba manifiestan interés en aportar ideas y esfuerzos por el bien del país, que no tiene que ver con las posturas políticas de muchos, sino con las convicciones filosóficas y éticas que están en la médula de todos los cubanos desde hace más de dos siglos de lucha, desde la época de los mambises. No se debe estropear la constitucionalidad haciendo oídos sordos a los reclamos de cualquier cubano, porque todos somos iguales y gozamos de iguales derechos, quien ejerce el poder lo debe tener por merced y por un encargo y mandato democrático de su pueblo, como honra que se le tributa y no como un derecho de que goza. La justicia es una sola y es vidente, no con los ojos tapados, pues debe ver con sus ojos los colores de la verdad.

Llevamos más de cinco décadas de autofagia, de errores reconocidos hasta por el propio impuesto, jefe de gobierno, el General Presidente. Existen en nuestro país el temor y la fragmentación, nos han llevado, no al borde de un abismo, sino al propio espacio vacío, al irrespeto, al descalabro y colapso de la sociedad cívica cubana, a la pérdida de valores y con ello al descenso en picada de lo económico, material y político en que estamos sumidos.

Estos errores lastran con grandes pesos el accionar y la propia calidad de vida de esta sociedad, pero poco a poco el pueblo ha ido saliendo del letargo de la obediencia indebida, gana cada día en conocimientos, se informa, compara, se hace más crítico con el inoperante sistema y la arcaica y vetusta dirección política administrativa que mal conduce el país y fuerza con su empuje toda la frustración y la crítica acumulada que nace desde la base.

Este incipiente pero poderoso despertar del letargo, remueve las raíces de la superestructura del régimen y hace que los agentes y fuerzas de la seguridad del Estado, vean con temor como se estremece el trono del palacio, trono que ellos mismos han pretendido eternizar desde el principio del propio asalto al poder, donde se propuso un incumplido programa populista de supuesta constitucionalidad y democracia, hoy arrecian las detenciones con un alto nivel de represión política sobre aquellos que presentan simpatías o realizan actividades a favor de la democracia, al estilo de la campaña del gobierno de China contra los uigures de Xiangjiang, negando las acusaciones que pesan en su contra y calificando de “mercenarios y traidores” las posiciones de los integrantes de la oposición pacífica

Esta es una revolución de falsos ornamentos, hace mucho que no nos deja ser ciudadanos, ni gozar de nuestra soberanía, no deja espacio para construir, confirmar y ampliar el poder, no permite aplicar una política como país que conforme una convivencia estable, se solaza en divulgar con demagogia el sacrosanto concepto de Revolución bajo un propio y diario concierto de trompetillas, donde se ha pedido justicia para unos, en disimiles tribunas, desbordando montes y mares y se aplasta con prevaricación la de otros con apócrifas mentiras llenas de argucias y malas condenas, lo cual afirmo, por haber sufrido el martirio en carne propia.

Se han borrado nuestros sueños y han impuesto otros con coacción llenos de utopía, sueños que vinieron en las mochilas de los mal llamados ángeles guerrilleros; aquellos que juraron en la cruz por nuestra tierra, ser verdes, que harían cambios radicales, con sus fábulas patrióticas. Aquellos que tomaron la ciudad sin derrumbar muros cuando apenas yo había nacido, con la oratoria inflamada llena de adjetivos hiperbólicos y de iteración que atraía a los epígonos para construir un país también verde como las palmas, para al final someternos a un poder omnímodo totalitario de corte rojo soviético, que nos segrega en nuestra propia tierra, que no nos permite la libre expresión, ni el acto creador de con todos y por el bien de todos.

Se conocen bien los problemas que padecemos, y se puede hablar de soluciones, pero los cubanos necesitamos una visión real del futuro, un pragmatismo en altas dosis para no caer en el riesgo de avanzar a paso doble y caer en el caos, ni hacerlo a paso de tortuga para no caer o incrementar lo mismo, estamos necesitados de resolver el problema de cambiar nuestra filosofía en una propia, favoreciendo la rapidez sobre la inercia y el letargo.

Dicen que errar es de humanos, pero aceptar estos errores es de sabios, salvemos con dialéctica lo que hay que salvar y cambiemos lo que haya que cambiar, para salir de este desierto, debemos aceptar lo errores para poder crear riquezas para resolver nuestras pobrezas materiales y espirituales, para no perder nuestros sueños, crear esas riquezas con una filosofía renovadora, que posea claridad y legalidad especifica e irreversible, para que inspire confianza. Se debe eliminar el irrefrenable y frenético control que posee el gobierno y el Estado sobre todos los aspectos de la actividad humana de los cubanos, eliminando la burocracia estatal creada por años, que es el mayor obstáculo que tiene hoy el gobierno del General Presidente y toda su vetusta dirección.

Los momificados conductores, enarbolan sutilezas semánticas, se escudan en su silencio socialista ortodoxo o hablan de un apócrifo espacio para el debate o la elección popular, que no permite comentar ni analizar ni rectificar los errores del pasado ni actuales, aquellos cometidos por esa lapidada burocracia que mantienen arcaicos discursos inquisidores y megalomaniacos, donde muestran fariseas propuestas de cambios, para confundir y silenciar. Los sistemas económicos y sociales inoperantes no se pueden resolver con paños tibios ni tímidas acciones ni hacerlos viajar sobre una hormiga, apartemos las ideologías y la utopía inmovilizadora de esta novela amarga  y sumémonos al vagón de otra historia.

Uno mi voz y voto a la propuesta del cambio integrador de la familia cubana, para con ello unir el espíritu de servir al pueblo de Cuba con amor, en la misión común de lograr libertad, democracia y la solidaridad a la oposición pacífica de la que muchos forman parte, por exigir justicia, transparencia y derechos para todos y para decir también:
¡Aquí estamos Cuba¡  

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